¡Una de Cada dos Personas Posee Intolerancia a la Lactosa!

Más de la mitad de nuestra población presenta algún grado de intolerancia a la lactosa. En ocasiones pasa desapercibida o produce una sintomatología que va desde una suave distensión abdominal hasta una franca diarrea después de ingerir algún producto lácteo. 

La intolerancia a la lactosa fue descrita en 1958, a pesar que ya en el año 169, el médico y filósofo griego Galenus ya había sospechado de una cierta relación entre el consumo de leche y algunas molestias intestinales.

La leche, además de contener proteínas y grasa contiene un tipo especial de azúcar: la lactosa. La lactosa esta formada por glucosa y galactosa y serán estos los que serán absorbidos desde el intestino delgado.
Para lograr lo anterior, en la superficie del intestino, en íntimo contacto con los alimentos, se ubican unas sustancias químicas conocidas como enzimas lactasa. La función de estas enzimas es desdoblar la lactosa en glucosa y galactosa. La glucosa viajará a los músculos y demás tejidos del cuerpo donde será ocupada como energía inmediata , mientras que la galactosa llegará al hígado donde se almacenará en forma de glicógeno, formado así un verdadero depósito de energía disponible para cuando los niveles de glucosa en la sangre desciendan.

Si bien tal ubicación intestinal de la lactasa, permite una rápida acción de esta enzima, está más expuesta a los daños que se pueden presentar en el intestino. Esto explica porqué se puede producir una intolerancia a la lactosa en forma secundaria a una infección intestinal.

Las personas que carecen de la lactasa, no desdoblan la lactosa y esta azúcar viaja por el intestino delgado, provocando por osmosis una retención de agua y gases, los que explican la sintomatología clásica de la intolerancia a la lactosa: dolor y distensión abdominal, acumulación y expulsión de gases y diarrea.
La aparición de tales síntomas es rápida. Y se presentan antes de la primera hora de haber comido algún alimento con lactosa. Y serán mas intensos mientras mayor sea la ingesta de algún lácteo. Conviene decir que la mayoría de las personas intolerantes a la lactosa soportan casi sin problema una carga de hasta 200 cc de leche, que equivale a 10 gramos de lactosa.

Como ocurre con otras tantas proteínas, existe un gen responsable de la codificación y ulterior “fabricación” de la lactasa. Lo interesante es que se ha producido una verdadera selección natural en las poblaciones respecto a la presencia de lactasa intestinal y el consumo de alimentos lácteos. Esto ha llevado a que el gen de la lactasa se haya transmitido preferentemente en aquellas regiones con un alto consumo de leche, como son EEUU, Australia, Nueva Zelandia y muchos de los países europeos. Por otro lado, ciertas regiones del Asia y Africa, donde el consumo de leche ha sido tradicionalmente escaso, carecen del gen de la lactasa, existiendo una alta prevalencia de intolerancia a la lactosa que en algunos países supera el 70%.

El tratamiento para estas personas es relativamente sencillo, basta suprimir o restringir lo más que se pueda el consumo de leche y sus derivados. Es factible que la tolerancia a porciones pequeñas de alimentos lácteos se mejora cuando esta tibia a caliente o cuando forma parte de un yogurt. La leche natural entera, no descremada, es mejor tolerada que la descremada, ya que la grasa enlentece el transito intestinal permitiendo así un mayor tiempo para que actúe la lactasa.
Últimamente han aparecido en el comercio leches y yogurt sin lactosa. A su vez, en las farmacias es posible encontrar lactasa en cápsulas, la que tomada correctamente le permite a la persona disfrutar de sus alimentos lácteos.