Desde siempre se ha considerado a la vitamina D como una vitamina propiamente tal, sin embargo hoy la consideramos como una hormona. Sí, una hormona. Esto se debe a que la vitamina D cumple todos los requisitos que caracterizan a toda hormona: es producida por un órgano (riñones), circula por la sangre y actúa en diversos tejidos donde existen receptores específicos para ella, como aquellos localizados en las células musculares, corazón, endotelio, páncreas, células inmunológicas, neuronas y células que producen hueso (osteoblastos).


